Salón de Fiestas

Texto y Dirección

Este espectáculo participó en los mercados internacionales de artes escénicas Escena 70 y Girart.

Realizó 3 temporadas en la ciudad de Buenos Aires, y planea volver por cuarta temporada.

Hizo funciones en Córdoba, en el teatro El Cuenco.

Recibió en apoyo del Fondo de Movilidad y fue invitado a participar en el Festival FIDESP (Sao Paulo) en 2016.

Salón de Fiestas - grafica

Deseo, erotismo, hedonismo, invitados a una fiesta en un salón. ¿Qué están festejando? Pop, papel picado. Neurosis, narcisos, noche. Emborracharse y ser como niños otra vez, bueno, no del todo. Ahora está también esta necesidad urgente de tener a otro cuerpo entre los brazos. O de comunicarme a toda costa con algún otro invitado (¿a quién elegiré?), contarle la historia silenciosa que llevo dentro, ofrecerle todo mi cuerpo, arrojarme a él, a él. Estrellarme otra vez, tal vez. El miedo de no saber qué va a pasar cuando la fiesta termine. O de saberlo muy bien y aun así, tratar de sumar mi energía a esta música festiva, tratar de festejar no importa qué, celebrarlo todo, celebrar porque sí, porque aprendí, porque ahora nos vamos a divertir y queremos dedicarnos a jugar toda la noche (mezclados, enamorados, alegres, excitados, asustados, vulnerables) delante y detrás de nuestras máscaras.

 

FICHA TÉCNICA

Salón de fiestas

Intérpretes

Lucila Brea
Joel Drut
Matías Pellegrini Sánchez
Raúl Vega
Paula Castagnetti (y a partir de julio de 2015, Berenice Gandullo)

Voz en off

Eddy Bluvol
Francisco Benvenuti

Diseño escenográfico

Manuel Escudero

Realización escenográfica

LOS ESCUDEROS (Manuel y Lucía Escudero)

Diseño de iluminación

Francisco Hyndrickx

Diseño y realización de vestuario

Federico Brú

Asistencia y realización de vestuario

Lucio Giagnorio

Selección musical

Emiliano Pastor

Fotos

Mariano de Rosa

Diseño gráfico

Leandro Ibarra

Asistente técnico en funciones

María Lucía Ortiz

Prensa

TEHAGOLAPRENSA – Andrea Feiguin

Producción

Sol Pittau y Emiliano Pastor

Asistencia de dirección

Sol Pittau

Texto y dirección

Emiliano Pastor

Agradecimientos: Javier Errecarte, Martín Speroni, Cristian Drut, Lucas Lagré, Ana Barletta, Ministerio de Salud

Agradecimientos especiales: Espacio Jujui

Duración: 75 minutos

Estreno: 3 de agosto de 2014 – Abasto Social Club, Buenos Aires, Argentina

Presentación posteriores:

– Temporada 2015 en la misma sala
– Córdoba capital, El Cuenco Teatro, julio de 2015

Sobre el estilo

Mi objetivo era hacer una obra llena de sentimientos. Y movilizar al público desde el humor y desde el drama. Apelar más al corazón que al intelecto. Sentía que había hecho algunos trabajos en los que había demasiado discurso, y quería hacer algo en lo que poder volcar más irracionalidad. Pero continuando con las formas exploradas en mi obra anterior, es decir, una dramaturgia aparentemente anárquica, deshilvanada, que me permitiera concentrarme en la construcción de fragmentos contrastantes y emocionalmente contradictorios como si estuviera trabajando para hilvanar melodías desprovistas de narración más que con trozos de un argumento. Como una montaña rusa. Eso fue finalmente lo que terminó definiendo la experiencia de ver la obra: un exceso de emociones, oscuras y luminosas, pero siempre catárticas, encarnadas por cinco personajes vulnerables que representan cinco formas distintas de atravesar la vida. Por otro lado, traté de concentrarme en lo coreográfico, en las imágenes. Quería alejarme cada vez más de la dramaturgia sobre el papel para hacer una dramaturgia escénica, que integrara distintos soportes de la teatralidad y no sólo la palabra.

 

Sobre los temas de Salón de Fiestas

Deseo, erotismo, hedonismo, invitados a una fiesta en un salón. ¿Qué están festejando? Pop, papel picado. Neurosis, narcisos, noche. Emborracharse y ser como niños otra vez, bueno, no del todo. Ahora está también esta necesidad urgente de tener a otro cuerpo entre los brazos. O de comunicarme a toda costa con algún otro invitado (¿a quién elegiré?), contarle la historia silenciosa que llevo dentro, ofrecerle todo mi cuerpo, arrojarme a él, a él. Estrellarme otra vez, tal vez. El miedo de no saber qué va a pasar cuando la fiesta termine. O de saberlo muy bien y aun así, tratar de sumar mi energía a esta música festiva, tratar de festejar no importa qué, celebrarlo todo, celebrar porque sí, porque aprendí, porque ahora nos vamos a divertir y queremos dedicarnos a jugar toda la noche (mezclados, enamorados, alegres, excitados, asustados, vulnerables) delante y detrás de nuestras máscaras.

DESTACADOS DE LA PRENSA:

Dijo Revista Ñ (Clarín):

“Tan humorística como dramática, la obra aborda los temas del hedonismo y la muerte con un estilo radicalmente contemporáneo”

Dijo Revista BA Inspiration:

“Grandes cuestiones sobre el deseo, la nostalgia, la alegría, rebotando como pelotitas de colores contra las paredes del teatro” – Paula Alvarado

Dijo A Sala Llena:

“Emiliano Pastor genera exitosamente una metáfora sobre la vida, el teatro y la fiesta como erotismo y pulsión de muerte”. –Martín Chiavarino

“Las excelentes actuaciones de Lucila Brea, Paula Castagnetti, Joel Drut, Matías Pellegrini Sánchez y Raúl vega encarnan la fiesta como don de vida y como exceso y voluptuosidad que se desvanece en la noche.” – Martín Chiavarino

Dijo Noé Jitrik (novelista, ensayista y crítico):

“Disruptiva, en cierto modo antiteatral, casi como una burla al teatro si el teatro es una “representación” de un conflicto o algo semejante; más bien es como un vuelco en el que esa idea, la que acabo de formular, es también expresada, de manera que no digo nada nuevo pero más interesante es lo del “vuelco”, que creo entender en dos sentidos: uno estético: dadaísmo, balbuceo, grito, movimiento corporal exagerado; el otro psicoanalítico: salida al exterior de un presunto inconsciente, figuras contenidas que brotan como pueden, como un gran lisérgico y, por lo tanto, mezcla, tanto de discursos (o frases) como de pulsiones, besuqueos, el toquecito homo, indispensable en esta época, hasta el regalito al público, como expresión de un deseo de comunicación o de provocación.
Supongo que habría más para decir: quizás no sea una propuesta que yo pudiera formular -y que no formulo- pero que me interesó porque quiero saber qué está pasando por la cabeza de gente que, sin duda, tiene pasión. Eso es fantástico. También es el secreto de Buenos aires.” –
Noé Jitrik

Dijo Revista El Bondi:

“La obra logra que el público pase por mucha emociones, desde la risa, hasta el nudo en la garganta cuando la angustia de algunos personajes traspasa la cuarta pared y toca directo en lo más íntimo.” – Fernanda Miguel

Dijo The Argentina Independent:

“Sublimely entertaining. The play combines a surreal structure with vibrant, chaotic action”. – Zachary Volkert

Dijo Enzo Maqueira (novelista):

Otra gran obra del teatro under porteño. Muy buenas actuaciones, excelente dramaturgia, gran laburo para la puesta. Vayan a flashear un rato. – Enzo Maqueira

Dijo El Pez Digital:

La obra se pregunta por los verosímiles del teatro, por la fabricación de las experiencias, por el fin de las historias, en suma por los límites de la práctica del teatro después del proclamado “fin del teatro. […] Una de las técnicas más logradas es aquella que cruza la inestabilidad kafkiana del yo, con el culto a la evocación y al recuerdo sensible de cuño proustiano. La retorica de la miniatura funciona como un rasgo sobresaliente. La fragmentariedad de las escenas, que desconciertan al espectador y que lo obligan a familiarizarse con la pérdida, en tanto que sólo se puede seguir una de las cinco acciones simultáneas que acontecen sobre el escenario. Del mismo modo, el objeto como evocador del recuerdo o la técnica de la representación del teatro dentro del teatro configuran esa adopción por la parte que también se vuelve, al menos esa es una interpretación posible, en una poética de la pérdida, de la crisis de lo total. En un tiempo que alude al fin de los grandes relatos, a la crisis de las épicas y de la fe en posibilidad de construir una red de afectividades, Salón de fiestas se sobrepone a la tópica del snobismo imperante y se apropia del hedonismo cool de los tiempos que corren para tomarlo enteramente en su potencialidad y hacerlo estallar. La obra de Pastor no renuncia ni niega la emocionalidad, sino que elige deliberadamente extremarla, alimentarla para luego hacerla desbarrancar. En el instante final, ante una visión de inminencia el espectador experimenta un retorno, una restauración, ni sarcástica ni irónica, del amor.” – Juan Pablo Canala